Graduación (Reseña)

Por: Fabiola Hernández
El director rumano Cristian Mungiu recibió el premio a Mejor Director en el Festival de Cine de Cannes por esta cinta; en ediciones pasadas también resultó ganador en la categoría Mejor Guión, además de obtener la Palma de Oro. A lo largo de su carrera se ha dedicado a retratar la situación que se vive en Rumania actualmente y se ha consolidado como uno de los directores más reconocidos del cine rumano.

Graduación comienza con un desafortunado ataque a Eliza, hija del doctor Romeo Aldea, quien se ve obligado a arreglar la situación con tal de que ella no pierda la oportunidad de ganar una beca para estudiar en Inglaterra, donde cree es el único sitio que no la condena a una vida mediocre como la suya.

El doctor Romeo y su esposa han fundado sus esperanzas y sueños de juventud perdidos en el futuro de Eliza, para ello durante toda su vida la criaron en la creencia de que para lograr algo debía marcharse de su ciudad natal y para ello debía, sobre todo, ser honesta. Sin embargo, esas enseñanzas son puestas a prueba cuando a plena luz del día un sujeto ataca sexualmente a Eliza y todo el equilibrio familiar se ve afectado.

La cinta sugiere la complejidad de plantear ideales y valores en una esfera abstracta, lejana de la realidad que luego se confrontan con ésta y, engañosamente se encuentran huecos, quizá justificables, pero que como en una trampa, nunca están exentos de ser juzgados y castigados. Es entonces cuando la coherencia cobra importancia, pues no se puede construir algo firme si las bases no resisten golpes. El dilema es qué tan justificable es actuar de tal manera cuando para escapar de esa contradicción se tiene que tomar un camino que no concuerda con el propósito buscado.

Corrupción, violencia, mentira, todo ello influye en las decisiones que el doctor Romeo enfrenta y que cuestionan su manera de vivir, pues un hecho simple como una piedra que rompe una ventana puede ser suficiente para perturbar un orden supuesto y delatar la frágil mentira sobre la que se erige una vida, pero no sólo la propia, sino también la de las personas que dependen de uno.

No obstante, en la búsqueda de presentar las relaciones entre problemas y decisiones que enfrenta alguien que rehúsa seguir las reglas de un sistema corrupto, la historia termina por parecer sin fundamento, pues no logra profundizar en los elementos que plantea, e incluso algunos se quedan como meros incidentes sin relación efectiva con la historia, incidentes que si no estuvieran en nada afectarían al desenlace. Por ello al espectador puede resultarle una película que en sus dos horas de duración parece no llegar a ningún lado, situación que con el final se encargará  de confirmar o refutar.

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